martes, 20 de enero de 2009

MaÑaNa NoS VeMoS



Era un martes como otro cualquiera, las noticias hablaban de guerra y de otros presidentes, afuera el cielo plomizo anunciaba que ese día no podría olvidarse del paraguas, y nada más. Nada más que hiciera presagiar que aquel martes fuera a ser distinto de otros martes, quizás no fuera igual en Washington donde un hombre negro por primera vez asumía la presidencia de los Estados Unidos, pero aquí, en Madrid, aquel martes era tan distinto o igual como otros martes ya vividos o por vivir.
Se duchó, se vistió con la ropa que el día anterior habia ya elegido, dió algo de color a su rostro, pálido como aquel martes, preparó la bolsa de la comida y tras calzarse las botas (las de tacon , las que le gustaban a su madre) y ponerse el abrigo para hacer frente a aquel frio martes de Enero salió, como todas las mañanas, como todos los martes, a coger el metro. Con el mismo interes con el que un niño miraría un debate politico que se retrasmitiera por televisión mientras esperara a que empezase su serie favorita de dibujos animados.
Pero ese día, a pesar de ser Martes, el metro no estaba tan abarrotado como otros días y aquello alegró un poco aquella mañana.Incluso pudo sentarse y abrir con cierta comodidad el libro que estaba leyendo, lo cual bién podría considerarse un pequeño lujo.

Se dejó llevar por el libro, hasta que levantó la vista, justo cuando el altavoz anunciaba "proxima estación...Esperanza" a tiempo para encontrar sentado en el asiento de enfrente unos labios que alteraron en solo un segundo todo su organismo.
De repente el tren dió un pequeño tiron, que hizo trastavillear a todos los que se encontraban de pie y casi caer a una mujer que se encontraba apoyada sobre una de las puertas del vagon. Y en ese momento sus miradas se cruzaron. Apenas un segundo.

Ella quiso decirle en tan solo ese segundo que era buena conversadora y le encantaba escuchar, que quería saber todo de su vida, que le gustaban sus ojos, sus labios, sus manos, que no era celosa, que le encantaba que la hicieran reir, que era independiente pero tambien cariñosa, que hace mucho que echaba de menos unas manos que la acariciaran, que le encantaba viajar, que a veces soñaba despierta, que era cabezota y no soportaba pasar por el mundo como si no se pudiera hacer nada, que era una llorona pero fuerte y capaz, y que le encantaba que le dieran la mano mientras paseaba por la calle.

Pero no lo hizo, volvió a sonar el altavoz del metro anunciando nuevamente "Proxima estación...Esperanza" y como todos los días, aunque este fuera Martes, él se levantó para bajarse en aquella estación que se llamaba Esperanza, entre Avenida de la paz y arturo soria. Pero este martes en el que un hombre negro era elegido presidente de Estados Unidos fue distinto, porque antes de bajarse se giró hacia ella, le miró a los ojos y le sonrió...e incluso creyó escuchar entre sus labios un "mañana nos vemos"

6 comentarios:

Sara dijo...

Es cursioso lo que se puede llegar a sentir hacía un desconocido, aunque sea un desconocido a quien vemos a diarío... a veces, es más sencillo sentirse cerca de ellos, que de personas con las que pasas horas y horas a lo largo de todo el día. Brindemos por todas esas personas.

Ladrón de Guevara dijo...

Me encantan esas historias inacabadas. ¿Qué sería del día siguiente? A lo mejor alguien no llegó o por fin cruzaron palabras.

Bonito escrito.

Un saludo.

Nacho G.Hontoria dijo...

Las historias de enamoramientos en el suburbano siempre son bonitas. Yo me acuerdo una vez que estaba mirando hacia la puerta del vagón y en ella había plasmado el rostro de una chica que también miraba en mi misma dirección. La miré, me miró, y se marchó, y es que el amor en el metro es tan fugaz como pasar de la estación Esperanza a Artilleros.
Un saludo

Jor dijo...

Me encantó, que lindo es venir a estos lados de vez en cuando.

Un abrazo gigante May, que andes bien:)

Dejate llevar dijo...

no hagas con el amor lo que un niño hace con su globo, que lo pierde por jugar y cuando lo pierde llora..( pega cn la foto)
bonita historiaa

Alatriste dijo...

Me gustó muchísimo esta historia. Un relato de viajeros y trenes, al estilo de la mítica Recuerdo de Ismael Serrano. El hecho de que el final quede abierto, la convierte todavía en algo más especial. Ojalá ella algún día se atreva. Pensé que eras poeta, ahora descubro que eres realmente escritora. Un placer leerte en esta lluviosa noche. Cuídate mucho.
Por cierto, en la verificación de la palabra me sale la expresión triste. Vaya ironía. ¿Será cosa del destino este sentimiento que me persigue ya hasta en tu blog? Besos.