viernes, 24 de julio de 2009

Existo porque me lees


Suelo perderme en un libro con la misma insistencia con la que otros se pierden en la misma nada. Simplemente me hundo poco a poco y voy dejando de vivir en mi casa de Madrid para habitar profúndamente en el negro sobre blanco del papel. A veces la cosa se pone más difícil cuando además de vivir en uno, vivo en dos, por no hablar también de las veces que me habito en una pequeña agenda de pastas forradas de piel.

Soy más yo ahí dentro que en ningún otro sitio, en cada palabra escrita y aquellas por escribir, más yo cuando comparto el gusto por el abismo que supone saberse encontrada en un pequeño rincón, tan pequeño que cabe en un bolso, en una estantería.

Quizás debí nacer en el lomo de un libro, uno de esos de piel, con las letras del titulo cromadas en oro. Con sus hojas del tacto de la seda. Quizás debía vivir en una biblioteca. En una de esas en las que el dueño se lava las manos antes de asir el tomo. Antes de abrirlo si quiera se deleita en su titulo, lee con cariño las reseñas al final, y así finalmente hace el amor sin medida, en una pausa infinita, con ese momento del tiempo en que la realidad es ficticia.

Yo existo porque hay letras que se van uniendo en frases. Existo porque tengo voz que en mis dedos escribe esto. Existo porque me lees.

2 comentarios:

Regina dijo...

Te entiendo. Yo debí nacer entre los estantes de poesía o entre la luz de un proyector de cine.
O quizás entre las cuerdas de un violín.

Un beso

Liedchen dijo...

habrá que seguir pasando entonces, para que sigas escribiendo tan bonito.

Un beso!

carmen