jueves, 14 de agosto de 2008

A decir verdad


Esto puede ser considerado una suerte de confesión, o simplemente un pensamiento nocturno. No lo sé la verdad.

Llevo varios días sintiendo como si sobre los hombros estuviera llevando el peso del mundo. Mis ojos parecen guardar tras el iris un mar entero a punto de desbordarse a cada minuto, y mi cabeza suena muy adentro como una locomotora con las máquinas a punto para empezar a marchar. Quizás no haya elegido las más hermosas comparaciones del mundo para explicar como siento pero así ha sido.


La mayor parte de la gente no es capaz de entender como algunos, por la razón que sea, sentimos de repente una melancolía sin sentido tan profunda, como la tristeza nos va ahogando poco a poco y peor aún como va haciéndonos sentir cada vez más pequeños...pero así es como me llevo sintiendo yo los últimos días, o semanas.


Así que hoy cuando he llegado a casa en ese estado febril de pena y amargura, he pensado buscando muy dentro de mi, que no quiero sentirme así. Me gusta verme sonreír y sé que cuando lo hago de corazón soy buena en eso. Soy de esas personas que cuando sonrío lo hago con el cuerpo entero. Así que después de pensarlo mucho he decidido que esto que estoy escribiendo sea un descargo de penurias, amarguras, complejos y desgracias para poder empezar de nuevo. Para volver a intentarlo. Las veces que haga falta.

Soy perezosa, me dejo vencer fácilmente por las comodidades, ver la televisión, no salir, pero luego me arrepiento, sobre todo cuando los amigos te empiezan a contar lo fantástico que fue aquella jornada que te perdiste.

Mi fuerza de voluntad es nula, llevo una vida entera y parte de otra haciendo dieta, intentando cuidarme, y soy ese eterno yo-yo que una y otra vez vuelve al punto de partida.

Soy una miedosa compulsiva, todo me da miedo, miedo a arriesgarme, miedo a cometer errores, miedo a decir algunas cosas, miedo a pasar ciertos limites, miedo a hacer daño y miedo a que me lo hagan, y por eso, creo, intento alejarme y no arriesgar.

Y quizás por estas dos últimas razones, o quizás por miles más, no me suelo gustar mucho, odio decir esto, me esfuerzo en sonreirme al espejo y apostar por cosas que me hacen feliz, pero no puedo evitar reconocer que no me gusto, que no soy lo que quería ser y que me pregunto si estoy haciendo algo para que esto cambie.

Y bueno, en mi descargo he de decir que también hay cosas que me gustan claro, mis ojos azul-verde-gris, según la época del año (aunque creo que en esto mi merito es exiguo), mis versos (que no serán de gran poeta, pero a mi me hacen soñar), el cariño que intento dar a la gente que quiero (y que siento correspondido), mi romanticismo (aunque a veces el miedo me frene y no de los pasos), mi ingenuidad (cada vez más pequeña, pero que permanece y me permite seguir viviendo en esta constante capacidad de sorprenderme), mi familia (que tampoco es merito mio, pero que afortunadamente me rodean a cada paso y cada caída), mi ilusión por tantas cosas (escritores, películas, libros, poemas, pinturas, esculturas, viajes, museos, conciertos, conversaciones) y sobre todo esta tonta manía de caer, y volver a caer, y aún así seguir creyendo que me puedo levantar.

Y a decir verdad...creo que puede que ahí esté la respuesta

3 comentarios:

mamapi dijo...

Cuantas virtudes tienes, cuantos merito...tener una buena famialia es lo mejor de esta vida....
no te preocupes por los quilos....lo importante es tener buena salud. Si todas las mujeres fueramos...60-90-60... SERIA HORRIBLE, SERIAMOS CLONICAS! Lo hermoso es ser diferente por dentro, y tu lo eres, hermosa,llena de sensibilidad, dulce sensible... Si, si todo eso, he visto en tu escrito...he vivido mucho y entiendo de "eso. vive feliz, sin miedos, sin complejos, tus padres te parieron "unica".Y vive la juventud que es lo mas her moso que tienes!
Besos llenos de vitalidad y energia!!!

trapito dijo...

cai a tu blog buscando una foto, y aunque no soy de leer blogs ajenos de desconocidos me quede... tanto ls virtudes como los miedos que son parte de nosotro nos haceen ser lo que somos sin embargo siempre se puede un poco mas.
muy buen blog

Carolina dijo...

La gente tiende a pensar en que quienes sonreímos a diario no tenemos el derecho de estar tristes. No se trata de que nos odien, más bien de inherente preocupación...

Agradecida por vuestro desahogo...
pronto se vendrán días de risa que espero leer...

Cierra los ojos, abrelos, relee, cierralos de nuevo e inundate de luz!...

es mi humilde consejo

un abrazo!